Discurso de Pedro Sánchez

Secretario general del PSOE, presidente del Gobierno en funciones y candidato socialista a la investidura

Gracias, Presidenta. Buenas tardes, Señorías. En 1979, cuarenta años atrás, se celebró el primer debate de investidura en esta Cámara. Muchos de quienes están presentes hoy aquí o bien no habían nacido o, como es mi caso, éramos tan niños que no guardamos recuerdos de aquel instante. En aquellos tiempos todavía no estaban esos agujeros de bala en el techo del Hemiciclo. El aire estaba lleno del humo del tabaco de los diputados, en su mayoría hombres. Y quien quería hacer una llamada tenía que hacerlo desde un teléfono fijo. Ha pasado mucho tiempo, señorías, pero el ritual democrático de la investidura, reglado en nuestra Constitución, es el mismo: el Jefe del Estado encarga a uno de los candidatos, generalmente el que tiene la mayoría de la Cámara, que exponga su programa y solicite la confianza de la mayoría para formar Gobierno. Esto es lo que pretendo hacer durante los próximos días. Solicitar su confianza. Apelar a su responsabilidad, apelar también a su generosidad. Para, entre todos, lograr que España tenga Gobierno y no se suma en el bloqueo.

España ha cambiado mucho en estas cuatro décadas. Si en 1979, sólo el 5% de los diputados eran mujeres, hoy es el 47%, el porcentaje más alto del conjunto de la UE. Si entonces Europa era un sueño lejano para nuestros abuelos, padres y madres, hoy España es una democracia plena que contribuye al fortalecimiento de nuestro proyecto común, que es Europa. Todo lo logrado no ha sido por casualidad. Ha sido gracias a la firme voluntad del pueblo español de siempre avanzar. De mirar al futuro. De caminar siempre hacia delante, juntos, juntas, sin dejar a nadie atrás. Eso mismo, a mi juicio, hicieron los españoles cuando fueron convocados a las urnas, el pasado 28 de abril y también el 26 de mayo. Avanzar. No retroceder. Avanzar frente a los riesgos claros, más que evidentes, de los intentos de involución planteados por los partidos que componen hoy la bancada conservadora. Avanzar y no dar ni un paso atrás frente al cuestionamiento de las libertades y los derechos civiles que representan a minoría y que están siendo puestos en cuestión por algunas fuerzas políticas. Avanzar y no cuestionar nuestro modelo de convivencia territorial. Avanzar y repudiar todo intento de banalización de la violencia que sufre la mitad de la población por el hecho de ser mujer. Ojalá este contundente mandato, expresado por los españoles el 28 de abril y el 26 de mayo, sirviera para que los dos partidos de la bancada conservadora se alejaran de las redes autoritarias y la corriente reaccionaria que impregna la política europea y desgraciadamente también ha entrado en la Cámara.

Por lo pronto, los dos partidos conservadores y la ultraderecha han institucionalizado en ayuntamientos y en algunas comunidades autónomas, la foto de la Plaza de Colón de Madrid. Se olvidaron de los discursos que hablaban de la lista más votada. Expulsaron del constitucionalismo a quienes no pensaban como ellos. Con el mismo cordón sanitario que pusieron al Partido Socialista, se han atado a la ultraderecha. Señorías, Me dirijo a ustedes en nombre de la fuerza más votada en las elecciones generales. En nombre de un partido que acumula más escaños que la suma de las dos siguientes fuerzas parlamentarias aquí presentes, y que ostenta la mayoría absoluta en el Senado. En nombre de un partido que en 2019 cumple 140 años de vida, y que quiere hacer efectivo el mandato del 28 de abril: que España avance y que lo haga con justicia social. El 28 de abril, los ciudadanos debían escoger entre seguir encallados en la confrontación o apostar por la convivencia. Y dijeron claramente que querían avanzar con convivencia y concordia. Entendieron que un país no puede avanzar dejando abandonados en la exclusión a una parte de sus compatriotas. Y eligieron crecimiento y prosperidad. Eligieron cohesión social. Decidieron reivindicar la ejemplaridad y extirpar la corrupción de la vida pública que había sido la tónica habitual durante los últimos mandatos del PP. Decidieron reivindicar la ejemplaridad, y eligieron la limpieza en la política.

Convivencia, cohesión y limpieza. Este fue el camino elegido por los ciudadanos el pasado 28 de abril. Ellos y ellas ya han hecho lo que debían hacer. Votar. ¿Qué ofrecen a los españoles los que le niegan el único gobierno posible? Los españoles, señorías, votaron por un gobierno progresista y una oposición responsable. Ahora somos nosotros quienes tenemos que ser útiles para servirles desde esta Cámara. Y esa tarea comienza por desbloquear inmediatamente la formación del Gobierno. Solo con un Gobierno puede haber oposición. Sin Gobierno solo hay vacío de poder. A tal fin, quiero trasladarles una primera oferta de Pacto de Estado. Resulta evidente que el artículo 99 de nuestra Constitución, que regula el procedimiento de investidura de la Presidencia del Gobierno, debe ser actualizado a la nueva realidad parlamentaria. Los ciudadanos no deben nunca más sufrir la amenaza de una repetición electoral. Con una votación basta.

Al igual que el sistema garantiza la conformación de gobiernos municipales el pasado 15 de junio, autonómicos –en muchos estatutos autonómicos– o, también, el gobierno de esta Cámara, así debe quedar garantizada la constitución del Poder Ejecutivo a nivel nacional. Para poder materializar esta propuesta, este acuerdo, que refuerce la estabilidad del sistema, les pido que facilitemos entre todos la formación del Gobierno de España y que abordemos la reforma constitucional del artículo 99 para que nunca más vuelva a ocurrir el bloqueo. No estamos eligiendo entre izquierda o derecha, entre progresistas o conservadores. Eso ya lo hicieron los españoles el 28 de abril. Estamos eligiendo entre Gobierno o no Gobierno. No estoy proponiendo el debilitamiento de la labor de la oposición, que podrá ejercerse con toda la contundencia que se considere oportuna una vez que haya Gobierno. Estoy proponiendo que España tenga Gobierno. Que España tenga oposición. Que España no quede bloqueada. Sobre todo, señorías, porque el mundo no se para: los problemas cotidianos, las angustias y las esperanzas de la gente, no se detienen. Los jóvenes agobiados por la carestía de la vivienda no dejan de padecerla porque no haya Gobierno. La precariedad de un rider o el desempleo de una mujer, no desaparecen como consecuencia de la no asunción de responsabilidad por parte de esta Cámara. La soledad de muchos de nuestros mayores en muchos pueblos y ciudades, no deja de sufrirse. Quienes presentaron un millón de firmas pidiendo una Ley de Eutanasia para poder morir con dignidad demandan una respuesta clara.

Hoy; no mañana. Ya, no en septiembre o en octubre o noviembre. Les propongo, por ello, avanzar en la formación del Gobierno mandatado por las urnas: un Gobierno progresista, ecologista, feminista y europeísta. Un Gobierno que tienda puentes; que mire hacia delante y sea capaz de construir la base de los grandes acuerdos que exige nuestro país para encarar retos que ya son presente. Retos en los que es imprescindible la acción inmediata del Gobierno, pero en la que no debe faltar tampoco la acción conjunta de la sociedad. De todos los objetivos a los que nos enfrentamos, a mi juicio hay seis en los que España se juega su presente y su futuro. Seis objetivos que engarzan con la Agenda 2030, con la que estamos plenamente comprometidos. El primero, sin duda alguna, es la principal preocupación de los ciudadanos: es el del empleo digno y la sostenibilidad del sistema de pensiones. El empleo sufre en España de problemas estructurales que no han terminado de corregirse. Ni en épocas de bonanza ni en épocas de crisis económica. Seguimos teniendo una elevada tasa de paro, en torno al 14,7%, inferior a la de estos últimos años pero superior a la de la media de la UE, con un alto grado de desempleo de larga duración, pese a que estamos en niveles récord de cotizantes a la Seguridad Social, con más de 19,5 millones.

Asimismo, hay una elevada tasa de temporalidad –casi un 26%– y altos niveles de empleo a tiempo parcial no voluntario, que ponen de manifiesto las debilidades crónicas de nuestro marco laboral, que sufren con particular contundencia los jóvenes y las mujeres. En consecuencia, la consecuencia lógica tiene un nombre: precariedad. Precariedad laboral que se traduce en vidas en permanente estado de incertidumbre. Catorce de cada cien personas que trabajan en nuestro país son trabajadores pobres, no llegan a fin de mes con su sueldo. Los trabajadores autónomos también están expuestos a amenazas y dificultades: sufren demasiadas cargas administrativas y cotizan por ingresos muy superiores a los reales que tienen cada mes. La situación de las kellys, los riders o los temporeros agrícolas no son pequeñas excepciones de precariedad, sino deficiencias estructurales que tenemos que corregir. Porque todas y todos ellos son trabajadores que necesitan y merecen derechos y dignidad. Una economía moderna no puede basar su competitividad en el abuso salarial sobre una parte de los trabajadores ni excluir a una de cada seis personas en edad de trabajar o a uno de cada tres jóvenes.

Y, junto a ello, debemos garantizar la dignidad en la cuantía, la sostenibilidad y la naturaleza pública de nuestro sistema de pensiones. Esta legislatura debe alumbrar un nuevo Pacto de Toledo, que salvaguarde la clave de bóveda de nuestro Estado del Bienestar, el sistema público de pensiones, en un contexto exigente por la caída de la natalidad, el aumento de la esperanza de vida y el aumento del ratio de pensionistas sobre trabajadores. La pregunta es: ¿Dónde debe estar España? Y nuestra respuesta es: promoviendo empleo digno en una economía competitiva y sostenible. Garantizando pensiones dignas, salvaguardando el sistema público de pensiones. El segundo reto tiene que ver con la revolución digital, la revolución tecnológica. Según la OCDE, un 21,7% de los empleos de nuestro país están en riesgo de automatización, y por tanto, de desaparición. Y otro 30,2% sufrirá una transformación radical por el avance de la tecnología. La revolución digital no solo impacta sobre el empleo, que es algo que es lo que más afecta e importa a la ciudadanía. Sino que también afecta de lleno también a la fiscalidad, la justicia fiscal. Hace pocas semanas supimos que una conocida plataforma digital audiovisual pagó en España, quédense con la cifra, 3.146 euros en concepto de impuesto de sociedades. No es la única. Esto no solo resulta insostenible, sino que atenta contra los más elementales principios de responsabilidad y de justicia fiscal. La revolución digital incide en nuestros derechos y libertades. Llevamos un ordenador 100.000 veces más potente que el Apolo XI en nuestro bolsillo y que ya sabe más acerca de nosotros que nosotros mismos, porque acumula millones de datos sobre nuestras preferencias.

¿A quién pertenece esa información? ¿Quién controla esos datos que se están convirtiendo en un factor de producción tanto o más importante que la energía o el trabajo humano? Sectores enteros de nuestra economía se reestructuran y se adaptan a modelos de plataformas digitales. Pese a ello, seguimos respondiendo con reglas de siglos pasados a problemas del siglo XXI. En ausencia de nuevas reglas, se abren paso nuevas formas de trabajo precario como son los riders, nuevas formas de evasión fiscal, como el ejemplo que les he puesto, y nuevas formas de vulneración de los derechos humanos a la privacidad y al honor personal. En este periodo de transformación digital, ¿dónde tiene que estar España? Nuestra respuesta es: liderando en Europa, porque sólo se puede hacer en Europa, la revolución digital y protegiendo a la ciudadanía frente al poder de los nuevos monopolios. El tercer gran reto al que nos enfrentamos es la emergencia climática. Este no es un desafío específico de España, es un desafío del conjunto de la humanidad. Pero al que nuestro país, singularmente, está muy expuesto. Así lo demuestran los episodios de temperaturas extremas, las sequías, el aumento del nivel del mar o incendios tan devastadores como los sufridos recientemente. La contaminación del aire mata; y acorta la vida de muchas personas al año. ¿Es esta la sociedad que queremos para nosotros y también nuestros hijos y nuestros nietos? Si no tenemos planeta, lo que hagamos en otros ámbitos no servirá de nada. Uno no puede amueblar una casa sin paredes ni tejado.

Por eso la sociedad, en especial los jóvenes, reclama que actuemos, y que actuemos ya. Que detengamos esa dinámica suicida que está erosionando la casa en la que vivimos y amenaza con destruirla definitivamente. Nuevamente la pregunta es: ¿Dónde debe estar España? Y nuestra respuesta vuelve a ser: liderando la lucha contra el cambio climático. Convirtiendo este gran desafío en los que realmente puede llegar a ser: una gran oportunidad de progreso seguro para la ciudadanía española. Señorías, El cuarto reto al que quiero referirme está relacionado con la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres. La desigualdad que sufren las mujeres muestra su rostro más cruel en el machismo criminal. En 2018, casi la quinta parte de los homicidios registrados lo son de violencia de género. En apenas década y media, más de 1.000 muertes han sido asesinadas como consecuencia de la violencia de género. Esta lacra tiene un nombre: violencia machista, sin apellidos ni eufemismos. Se cometa en una casa o en la jauría de una manada.

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