A propósito de la edad.

Las leyes llegan, normalmente tarde, pero llegan. Esta es la sensación que he tenido al ver publicada la entrada en vigor la llamada “Ley Zerolo “o Ley de igualdad de trato y no discriminación.

Vamos evolucionando como sociedad y sensibilizándonos con realidades que si no nos afectan directamente, creemos que no existen. Por eso es tan necesario incidir y visibilizar todas las formas de trato discriminatorio que tradicional o culturalmente hemos ido transmitiendo en la forma de comportarnos y relacionarnos.

Estamos en pleno proceso de interiorización, por eso es conveniente observar nuestro entorno y darnos cuenta de todo lo que aún tenemos que modificar en el trato a las personas. La no discriminación por sexo, origen racial, religión, creencia, orientación o identidad sexual, discapacidad… y por edad. El Edadísmo, si es cierto que se discrimina a las personas por edad, sin más. Existe un prejuicio y se establecen unas limitaciones a las expectativas de la persona, simplemente por la edad.

Hacerse mayor no está bien visto, el culto al cuerpo, a la belleza inherente a la juventud lo inunda todo. Hay una frase de Joaquín Sabina muy elocuente “Serás todo lo guapa/o que quieras, pero dime… si el mundo fuera ciego ¿a cuánta gente impresionarías?”. Vivir es un aprendizaje continuo, la VIDA VIVIDA, fortalece y aporta un peso específico y una sensación de poder a todo aquel que tiene la suerte de conquistar años, pero la realidad social muchas veces es otra.

Al mayor, se le denomina “clase pasiva” y se le pone fecha de caducidad, ya no se cuenta con él, no se espera de el lo mismo, que cuando tenia otra edad. Todo lo relacionado con los mayores se considera una carga económica, sanitaria y social. Se les identifica con “carga” nunca con oportunidad, con inversión.  Se le excluye de ciertos ámbitos de la vida y no se le facilita la participación en otros. Un mayor en muchos casos tiene que hacer un esfuerzo titánico por mantenerse presente, activo, participando y aún vivo. La sociedad lo aparta, lo excluye, muchas veces lo esconde e incluso lo distrae para que se entretenga y no piense mucho que… ya pasó su tiempo. ¡Qué horror!

El mayor de hoy, el viejo de siempre, hoy es distinto, piensa distinto. Su edad cronológica posiblemente no coincida con su edad biológica, su esperanza de vida es mayor, también es mayor su nivel de estudios, su experiencia profesional. Sigue luchando por tener su sitio, no ha llegado hasta aquí para conformarse. 

La sensibilidad está a flor de piel y hay que visibilizar que hay comportamientos y actitudes que dañan, producen sufrimiento que discriminan a personas simplemente por su fecha de nacimiento, acto este, totalmente accidental e involuntario.


ITZIAR DOVAL
Secretaría de Sanidad, Bienestar Social y Salud Mental

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