Así fue el año 2021

Un repaso a los titulares del 2021 pronostican las tendencias para el 2022

Un análisis detallado del año pasado nos ofrece un patrón inequívoco de polémicas y acciones inconvenientes que han salido del despacho, cada vez más solitario y unilateral, de alcaldía.

Recordemos que el equipo de gobierno empezó el año 2021 resucitando el conflicto lingüístico que creíamos ya superado, sobre la denominación oficial del municipio. Legalmente poco viable, aunque muy ruidoso mediáticamente, y como ha demostrado el silencio posterior, totalmente estéril para las necesidades del municipio.

Los vaivenes con los que el caso Brugal ha acabado de perfilar el carácter delincuencial del Partido Popular calpino, se ha dado cuenta de blanqueos, estafas, sobornos (todos presuntos de momento) en un ambiente contaminado por desvergüenza procesal y un flagrante silencio popular e institucional cómplice, pretérito y futuro. El actual pliego de las basuras y la inacción a la hora de perseguir irregularidades prometen una segunda entrega de la trama.

Un análisis detallado del año pasado nos ofrece un patrón inequívoco de polémicas y acciones inconvenientes que han salido del despacho, cada vez más solitario y unilateral, de alcaldía.

También ocuparon titulares los planes, nunca explicados, del PP+C’s en la Manzanera. BIC, expropiaciones y obras. De cómo se pretendía ejecutar un proyecto que a todas luces era ilegal, con oposición de ecologistas y vecinos, que sólo beneficiaba a los redactores del proyecto y a la adjudicataria (que finalmente ejecutara el 25% del proyecto por el 100% del precio, buen negocio). El plan difuso e inconcluso, ya arrastra un importante extravío de fondos públicos y de credibilidad. Aún no sabemos que fin tendrá, si sabemos que se ignoraron todas las propuestas alternativas.

Se desveló el carácter retrógrado e intolerante del gobierno local, si no quedo lo bastante claro por la pasividad ante la denuncia de las inmatriculaciones de bienes calpinos, “in extremis”, por parte del Obispado de Orihuela. La negativa a respaldar el día del orgullo, la sección en la biblioteca y los comentarios homófobos, «A un niño no se le debe hablar del LGTBI», por parte del bien pagado portavoz de Ciudadanos, expusieron ideológicamente a todos los involucrados.

Un gobierno que, a base de cacicadas, se ha ido desvinculando progresivamente de la simpatía popular. Tasas injustas, persecución de la policía local, retirada de sueldos a la oposición, instalación de escaleras mecánicas, recalificaciones y contratos públicos para concejales. Mientras este gobierno saba pecho otorgado licencias al hormigón, diversos informes y estudios evidenciaban el hartazgo ciudadano con la sobrecarga urbanística, la contaminación lumínica de los rascacielos y la masificación turística del municipio.

La acción de gobierno ha sido exclusivamente propagandística, politizándolo todo, con ausencia de resultados más allá de ruido mediático. Una grosera utilización de la alcaldía para arremeter contra estado central y Conselleria. Ambulancias, pasarelas, institutos, instalaciones sanitarias se convierten en piedras arrojadizas en vez de proyectos para resolver, una actitud negativista y desafiante que puede haber condenado nuestras relaciones administrativas.

La reciente inclusión en los plenos de una interminable e incomprensible sección de autobombo sin posibilidad de réplica por parte de la oposición, han acabado de herir de muerte este foro de debate público. Desde alcaldía se ha procurado degenerar el diálogo con frecuentes groserías, salidas de tono y descalificaciones personales. Estableciendo la alcaldesa una “calpinidad” de sangre limpia como condición para la participación política en el municipio se ha normalizaba la mala educación, un clasismo arrogante y un despotismo arbitrario en los tiempos de intervención.

La anteposición de lo banal y mediático ha marcado una forma de gobernar tan irreflexiva en sus acciones como grosera en su articulación. Se ha ido apartando del sentido común, el interés público y del propio equipo político. Éste último, temeroso del autoritarismo déspota, se mantiene errático y desunido, solo concurren en base a injustas subidas de sueldo y canjeándose remuneraciones inexplicables en consejos asesores.

Campamentos gratis para familias con más ingresos, bajada de impuestos para grandes fortunas, privilegios a empresarios “afines” mientras se establecen tasas para participar en oposiciones y cargas tributarias a la hostelería. De momento, nada indica la vuelta a la coherencia social, escasean las ideas y los proyectos para las siguientes generaciones, en el horizonte electoral 2023, pan y circo pagado por todos, es lo único se adivina.

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