CORRUPCIÓN POST MORTEM

OPINIÓN: MARCO BITTNER

Todas las culturas humanas tienen un concepto de la muerte, ya que alrededor de esta se han desarrollado un sinfín de herramientas simbólicas para tramitar el sinsentido que el fin de la existencia supone. Tanto así que en las culturas europeas clásicas se temía más la privación de sepultura que a la muerte misma.

De ello se deduce que los ritos funerarios forman parte de los más atávico e íntimo de la propia naturaleza humana. En Calp cobra especial relevancia la reflexión de lo que pasa una vez muerto a la luz de las recientes exhumaciones. Las de Francisco Franco y las de Wilhelm Klatt.

Los derechos humanos se fundamentan en la intrínseca dignidad humana, depositando en el Estado la responsabilidad de disponer de un sistema jurídico y de instituciones que la garanticen. Pero a veces estas fallan.

Con todo esto sobre la mesa se ha podido ver que cierta alcaldesa llamaba “profanador de tumbas” a nada menos que al mismísimo presidente de España, amparándose en su libertad de expresión. Actitud que le valió una reprobación pública del Pleno municipal. Ciertamente esta actitud, lacra de modales aparte, puede explicarse por conocido fervor religioso y la nostalgia franquista que públicamente confesa. Todo esto provocaba gran estupor por el contraste, ya que al artífice de las exhumaciones locales, por otra parte, lo quiso elevar a Juez de Paz.

Lo que resulta más difícil de entender es que aquello de lo que acusa en el presidente de la nación lo ignora, oculta y defiende entre los miembros de su propio partido. La dureza de las palabras vertidas hacía el presidente chocan con un esfuerzo personal para blanquear exhumaciones realizadas al margen de todo procedimiento, ley u ordenanza en el municipio que gobierna. Explicaciones dadas por parte de la primer edil, ninguna.

La espiral de corrupción que ha iniciado la alcaldesa resulta incomprensible para la mayoría de los vecinos. Hemos sido testigos de que nuestra alcaldesa desde el primer momento no solo se ha negado a perseguir los actos denunciados, sino que ha hecho todo lo posible para taparlos y agradar a quien los ha permitido. ¿Estamos ante otra extravagancia más o se doblega ante el interés de mantener silenciados a los diversos actores?

Una espiral de perdición que anticipa un mal desenlace. Hemos podido ver como forzaba el apoyo incondicional de su partido para intentar promover al actor principal de las exhumaciones locales a juez de Paz (no aceptado por el TSJ valenciano), también hemos visto como se ha llegado al punto de ignorar las advertencias y consecuencias legales sobre las manifiestas causas de incompatibilidad en la declaración jurada que presentaba este mismo, culminando todo en una permisividad negligente a la hora de permitir que los servicios jurídicos municipales asuman la defensa (remunerada o no) de una causa que entraba en conflicto con los mismos intereses de la institución que debieran defender.

La exhumación de Franco contó con un respaldo legal documentado. Mientras, las realizadas en Calp fueron “ad hoc”, sin expediente alguno; a demanda de “personas afines” se vaciaban nichos con titularidad vigente, la mayoría extranjeros (aún a riesgo de que hubiera familiares que la reclamasen). ¿Era su condición de extranjeros el factor que lo justificaba todo?

La alcaldesa no tuvo suficiente con la reprobación pública del pasado mes de octubre, su incongruencia, obcecación y descomedida grosería está llevando la maquinaría municipal al hundimiento.

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