Inaugurada la rampa de lanzamiento para políticos

La colla del «ajuntament» finaliza el curso político con una surrealista inauguración neoberlanguiana

Si no es solo el precio, también es el resultado. A estas alturas no cabe la menor duda que ni los vecinos la querían, que fue todo un capricho torticero resultante de un descoordinada maquinaria de gobierno que nadie admite haber votado. Un proyecto no deseado, tristemente célebre por haber tenido una trayectoria de improvisación, rectificación y chapucería.

Y es precisamente esto último lo que representa, un monumento a la incompetencia. La consecuencia inmediata a la desidia electoral en un municipio con un 48% de participación. Las rampas diseminadas, su sobrecoste, la ineficacia y su imposición, son los síntomas y a la vez, consecuencia directa, de una desafección política generada por el monocultivo obsoleto durante 20 años de una receta que ya dejó de funcionar con las primeros casos de corrupción.

De momento, parte de la obra inaugurada servirá, sin lugar a duda, como rampa de lanzamiento para ciclomotores y vehículos desprevenidos que se aventuren a pasar por el badén (no normalizado) a más velocidad de la debida. La aportación calpina a la carrera espacial.

De nuevo hay que recordar que el cine de Berlanga pretendía hacer crítica social, y no un manual de instrucciones.

El proyecto dio titulares desde el momento de su concepción. El despilfarro sinsentido de los fondos europeos, aunque sea a pagando a medias, nos ha costado no solo dinero, sino también reputación. Está claro que buscando responsabilidades, éstas nunca aparecen. En Calp nos encontramos ante una sutil combinación de Fuenteovejuna y aquella parábola de la tortuga sobre un poste.

No todo está perdido, la sensación de incomodidad en el acto inaugural fue tan intensa y palpable como el calor estival, equipo de gobierno incluido. Tal cual, que algunos viandantes espontáneos prefirieron andar la cuesta que dejarse ver con la comitiva, esperemos que mantengan esta coherencia de cara al cercano domingo electoral.

Y a lo peor, no se ha acabado, aún nos quedan varios episodios por ver: por una parte, el del coste de mantenimiento en un entorno de poco uso, salitre y lluvia torrencial, y por otro, la siguiente operación, valorada en un millón de euros, la colocación de una rampa similar en la avenida Masnou. La mera concepción evoca en muchas cabezas el eco de las palabras de Maragall cuando hablaba del «tres percent». El ser humano necesita dar sentido a las cosas, y ésto, de momento, es lo único que alivia esta búsqueda.

La duda eterna es: ¿Quien mantiene estas tortugas sobre el poste? ¿El clientelismo popular? ¿La desidia de una población que prefiere un gobierno incompetente pero que distrae más que Netflix? Hay que recordar a la población que, por mucho que distraigan con sus trapacerías, el pato lo pagamos tod@s, que no es tan gratuito como piensan algunos, que esta política difusa que se ha instalado en Calp sólo sirve para eso, distraer, fondos, voluntades y futuro.

Marco Bittner
Concejal del Ayuntamiento de Calp

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