Lo que hay no es suficiente.

Sin mencionar cifras, sabemos que nuestra sociedad envejece. Este fenómeno relativamente nuevo y en continuo crecimiento, requiere un enfoque posiblemente diferente al que estamos acostumbrados.

Para las personas que tienen la suerte de vivir este proceso, hacerse mayor se ha convertido para muchos, en una meta a la que hay que llegar en las mejores condiciones posibles. Envejecer es una experiencia vital en la cual se producen cambios, hay nuevos proyectos y sobre todo, la toma de conciencia del valor del tiempo. Se aborda una etapa de reflexión y de cálculo, cada día somos más conscientes y más responsables de la importancia que tiene la salud, las relaciones sociales, familiares y damos un valor extraordinario al tiempo. El tiempo que ha pasado y el que falta por pasar, somos conscientes de abordar una etapa nueva para la que hay que prepararse porque sabemos que la vejez llega, pues que llegue bien.

Cuando se trata la vejez solo, como una sucesión de pérdidas y carencias a subsanar y la evaluamos en coste y precio, la convertimos en una enfermedad social y no lo es.

Tengamos las cosas claras y los recursos disponibles a punto. A estas alturas, el tiempo apremia.

Jacques Attali dice: “ lo que el poder no comprende, lo calcula”.  Es lo que le pasó a Mariano Rajoy cuando dijo textualmente “La Dependencia es Insostenible” aún hoy quedan resquicios de esa teoría pero por suerte para todos, Rajoy se equivocó y la Ley de Dependencia es hoy una realidad, un derecho.

Toca ya dar un paso más y desarrollar una asistencia de calidad. Que llegado el momento nadie se sienta perdido y que los gestores de La Dependencia en primera instancia, los ayuntamientos, no solo ofrezcan asesoramiento sobre los recursos existentes. Se necesita también, disponer y proporcionar una cartera de servicios municipal amplia y gradualmente adaptada a las necesidades que puedan surgir. Todo tiene que estar previsto. Es una obviedad que faltan Centros de Día, plazas de Residencia, un Servicio de Salud especializado próximo y al ritmo que vamos seguirán faltando. Hace falta compromiso político para dar respuesta a las necesidades específicas de un 20% de la población y para afrontar sus carencias de forma responsable. No disponemos de transporte público adaptado, las numerosas barreras arquitectónicas dificultan el tránsito de las personas con movilidad reducida, lo que se traduce en aislamiento social… En fin, si lo que se quiere y lo que se demanda es una atención de calidad centrada en las personas. Queda un camino largo por recorrer y no podemos parar y conformarnos con lo que hay, porque lo que hay no es suficiente. Las necesidades de mejora son evidentes y la demanda social no se puede silenciar. Las personas cuando llegan a este punto, llegan con las maletas llenas de vida, de sueños y de esperanza que no podemos defraudar.

No es el momento de andarse con titubeos, con dudas, con incertidumbre. Tengamos las cosas claras y los recursos disponibles a punto. A estas alturas, el tiempo apremia.


ITZIAR DOVAL
Secretaría de Sanidad, Bienestar Social y Salud Mental

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