El carné del PP como llave maestra para abrir puertas, conseguir títulos académicos, enchufar a familiares, obtener dádivas, participar de forma ventajosa en concursos, …, todo ello también es corrupción, y viene de lejos, de épocas antiguas en las que al «señorito» se le permitía todo, incluso el derecho de pernada.

La juez que ha investigado el Máster de Pablo Casado ha concluido que en la Universidad había dos clases de estudiantes: los «ordinarios», es decir, los que iban a clase y posteriormente se examinaban; y los «escogidos», que eran aquellos afines al aparato del PP que obtuvieron sus títulos en calidad de prebendas o regalos, sin que se les exigiera asistir a clases o demostrar sus méritos mediante evaluaciones o exámenes.

Contra esa forma viciada de entender la política — donde prima el enchufe y el trato de favor — lucharemos los socialistas de convicción, los que creemos en la cultura del esfuerzo y del mérito, en la igualdad de posibilidades y en la erradicación de privilegios.

¿Nadie quiere imaginarse las consecuencias de ocupar las instituciones basándose en su filiación en vez de su capacidad? Despilfarro, desgana, gestión ineficaz y falta de rumbo; un infierno donde reina la pereza y la confusión. Es una explicación plausible a la desafección política y un ataque a «lo público».

Si se extiende la promoción del clientelismo por encima de la del mérito, paralizamos la sociedad y volveremos al medievo.

 

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